Penúltimo alejandrino


Corrían ciegamente, con razón no presente
sus almas animales, con cacería en mente
la presa huía espantada y las ánimas aullaban:
«¡Es hora de matarlos, a los que nos mataban!»

Cansada se encontraba, la asesina aterrada
las almas le gritaban, su muerte asegurada
respirar no podía, ya el cuerpo le dolía
rendirse quería, aun sabiendo que moriría.

Detúvose ella pronto, no tenía energía
callada se quedó, conversar no serviría,
así que sola se volteó, y observó asombrada
la faz que miraba, la dejó desconcertada.

El rostro que observaba, no era otro que su amado
aquel con quien mataba, ahora ya asesinado
sonriendo se encontraba, ya con el brazo alzando
y el arma penetraba, una vida terminando.

Durante su agonía, vio el rostro que cambiaba
ya no era quien amaba, sino de quien la odiaba
miró una, luego dos, luego más asesinadas
y pronto distinguió, las cuatro niñas amadas.

El arma le clavaban con gran placer demente
la sangre salpicaba, moría lentamente
Las niñas ya matadas, exultadas estaban
la víctima lloraba, las ánimas cantaban.

 


¡Juro por todos los dioses que el que viene sí será el último!

2 comentarios en “Penúltimo alejandrino

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