Alejandrino gótico


Bueno, al fin lo terminé. No agregué mucho, pero ahí está. Me gustaría decir que fue fácil, pero desgraciadamente fue endemoniadamente difícil y peor aún, estoy seguro que este poema no es un alejandrino puro. Sin embargo, estoy feliz de haberlo terminado y a pesar de todo, pues no está nada mal. Disfrútenlo:

La quinta niña amada que corría asustada,
corría con pavor por la vía abandonada,
la quinta niña amada, cuatro ya asesinadas,
corría por su vida, pues miró a las matadas.

Primero la mujer y después el hombre bajo,
mataron sin piedad a mujeres sin trabajo,
La quinta niña amada, corría vía abajo,
llorando por su hado, corriendo por el atajo.

Luchaba por vivir y nunca se rendiría,
querían la matanza !oh, el placer de la sangría!
La quinta niña amada, evitar morir quería,
El hado lo sabría ¿salvarse ella podría?

La quinta niña amada estaba desesperada
por qué debía huir así, siendo torturada.
Aquellos dos malvados extasiados estaban
la muerte cruel y lenta, encantados esperaban.

Los dos pasaban, mientras un cuervo los miraba
aquel pájaro prieto, sus alas desplegaba
miraba recordando a las víctimas sangrando
sus carnes picoteando, ojos saboreando.

Aquel pájaro prieto a la niña la miraba,
batiendo sus dos alas, de lejos la observaba
veía entre las ramas, con su muerte graznada
estaba lastimada, tendría hambre saciada.

Cuarteto maldito que van en busca de vida;
la quinta niña amada que no la quería ida
el dúo asesino sacrificarla quería
el pájaro nigérrimo, su hambre saciaría.

La quinta niña amada escuchó al ave gritar
¡Oh cuervo negro dame alas para así escapar!
Nomás esta graznaba, el final ya cerca estaba
los dos ya se acercaban, el paso se escuchaba.

Primera, segunda, tercera, cuarta y la quinta,
hermosas todas, pero la quinta era distinta
intensa y tenaz, cómo no iban a amarla más
su sangre ver querían, ya más que las demás.

La quinta niña amada no se hacía ilusiones,
sabía cuáles eran sus crueles intenciones;
vivir quería pero estaba sin energía:
correr, trotar, andar, ya nada de eso podría.

La quinta niña amada estaba en encrucijada,
tenía la energía pues ya casi acabada,
así que ö luchaba con lo que ya tenía,
o se rendía pronto y solitaria moría.

Morir no deseaba, la quinta niña amada,
por eso se detuvo, a pensar en la arbolada
el tiempo transcurría y la niña planeaba,
el tiempo transcurría y la muerte se acercaba.

Aquellos dos malvados ya cerca se encontraban,
querían ya matarla, ¡felices disfrutaban!
El cuervo muy hambriento, ya su pico preparaba,
la quinta niña armada, ahora lista ya estaba.

Malditos asesinos que en frente de ella estaban
tumbada junto a un árbol, los dos a ella miraban
la niña ensangrentada, su vida acabaría
con trágico terror, moriría en agonía.

El hombre se acercó, con el puñal apuntando
y un arma se clavó, con la sangre salpicando
y un grito se escuchó, de un lugar inusitado:
la quinta niña armada, al hombre había matado.

Un arma inusitada junto a un árbol se hallaba,
brillando como plata, un metal tirado estaba,
navaja salvadora, de milagro encontrada,
y al hombre lo mataba, con ella ëmpuñada.

El hombre muerto estaba, su amada anonadada,
el cuchillo brillaba, y estaba sobre aterrada,
la sangre salpicaba y el cuervo feliz estaba,
la quinta niña armada, mucha ira demostraba.

Las dos se miraron, una con navaja en mano
la antigua orgullosa tenía, un pavor muy humano
corrió desesperada, su voz nadie escuchaba
el bosque donde estaban, ni un alma se encontraba.

La quinta niña armada, escapar de ahí podía
mas no lo deseaba, venganza más quería
la sangre la llamaba, las víctimas clamaban
las tumbas proclamaban, sus muertes deseaban.

La furia la cegaba, las ánimas rugían,
del arma ellas clamaban, a la mujer querían
querían la venganza que en vida no pudieron
la niña era la espada, que en vida no obtuvieron.

Corrían ciegamente, con razón no presente
sus almas animales, con cacería en mente
la presa huía espantada y las ánimas aullaban:
“¡Es hora de matarlos, a los que nos mataban!”

Cansada se encontraba, la asesina aterrada
las almas le gritaban, su muerte asegurada
respirar no podía, ya el cuerpo le dolía
rendirse quería, aun sabiendo que moriría.

Detúvose ella pronto, no tenía energía
callada se quedó, conversar no serviría,
así que sola se volteó, y observó asombrada
la faz que miraba, la dejó desconcertada.

El rostro que observaba, no era otro que su amado
aquel con quien mataba, ahora ya asesinado
sonriendo se encontraba, ya con el brazo alzando
y el arma penetraba, una vida terminando.

Durante su agonía, vio el rostro que cambiaba
ya no era quien amaba, sino de quien la odiaba
miró una, luego dos, luego más asesinadas
y pronto distinguió, las cuatro niñas amadas.

El arma le clavaban con gran placer demente
la sangre salpicaba, moría lentamente.
Las niñas ya matadas, exultadas estaban
la víctima lloraba, las ánimas cantaban.

La última puñalada, con esa terminaba
las ánimas felices, la niña despertaba
lo hacía horrorizada, de sangre ella empapada
las ánimas se iban, la venganza consumada.

No hay quinta niña amada, tampoco niña armada,
hoy solo está la niña, con sangre ëmpapada
el cuervo la observaba, mas ella no importaba
la carne él miraba, la sangre lo hambreaba.

3 comentarios sobre “Alejandrino gótico

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