Como la vida misma I


Ojos dolientes que ven el mundo con tristeza,
pues ya no ven en nada la belleza,
de un amor antaño olvidado,
que ahora solo le deja el ojo morado.

Solía pensar que todo acabaría,
pues “era un error”, eso le decía,
mas los golpes siguieron como si nada,
el dolor seguía, jamás pasaba.

Una vez, al hombre detuvieron,
“no lo ayudes”, todos le advirtieron,
ella no escuchó, se sentía esperanzada
pues él vería su amor, y ya no sería golpeada.

Cuando ese hombre salió,
el amor parecía que volvió,
“Te amo tanto”, le decía
y ella siempre le creía.

Mas una noche de nuevo cambió,
y como salvaje a ella violó,
y después que su hambre fue saciada,
él le dijo que ella era su amada.

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