Como la vida misma II


Mientras su amado dormía,
a ella  el cuerpo le dolía,
lloraba desconsolada,
pero aún estaba esperanzada.

“Estaba con ganas”, ella se decía,
solitaria pensaba acerca del gran día
en el que él le dijera cuánto la amaba,
en el que él le dijera que la adoraba.

Mas día tras día, eso no pasaba,
y golpe tras golpe, morada la dejaba,
todos los vecinos sabían,
que muerta un día la verían.

Un día en el mercado un niño preguntó,
“Mamá ¿quién es el monstruo que a ella golpeó?”
por esas palabras, sintió ella un dolor,
por fin entendió, que eso no era amor.

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