Soneto al pueblo


Manos carcomidas por odios incandescentes,
podrán golpearme, quemarme, incluso matarme,
mas escuchen ya todos, ¡jamás podrán callarme!
pues yo soy quien grita libertad para las gentes

Esas manos asesinas, frías e indolentes
aquellas perversas que sueñan con ya matarme
que vengan y me maten, ¡mas no podrán callarme!
pues todos me han escuchado ¡y no serán silentes!

¡Manos! Mátenme si quieren, mátenme y verán
que las ideas no mueren, ¡ni la libertad!
¡el pueblo se ha levantado, y ahora luchará!

¡Manos! Oigan a la gente, háganlo, ¡temblarán!
la lucha ha comenzado, ¡de aquí a la eternidad!
¡el pueblo se ha levantado y no se rendirá!

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