Tigre agazapado, dragón escondido (II)


¡Continuamos con la historia! Espero que la disfruten:

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Seguí meditando por innumerables años, intentando alejarme del enigma que aquejaba mi corazón. Gané infinidad de conocimiento en todas las ramas del saber mortal e inmortal, no había nada que no supiera. Conmigo a mi lado cualquier mortal podría volverse emperador del país y luchar contra los propios dioses. Nada era imposible para mí… excepto encontrar mi Dao.

Decepcionado de mí mismo, decidí salir de la choza.

Paseé por el lugar. Era encantador y daba una paz extraordinaria, pero mi corazón seguía pesado. Mientras seguía pensando en eso, algo extraordinario pasó: me dio sed. Al principio pensé que era mi imaginación, era imposible que alguien como yo tuviera sed. Sin embargo cada vez la sensación se hacía más intensa y por fin me acerqué a la catarata a beber. Cuando al fin la apacigüé, algo tan extraordinario como la sed sucedió: me dio hambre. No podía entender cómo podía estar pasándome eso. Desde que en convertí en inmortal, nunca tuve necesidad de comer o beber, sin importar si estuviera en un desierto o en una tundra, yo había dejado las necesidades mortales y sin embargo había tenido que beber agua y ahora tenía que comer algo. No entendía qué estaba pasando, eso me aterró y, he de admitir, me maravilló.

Me provocó comer pescado, algo que jamás hubiera hecho antes porque desde mis inicios como mortal odiaba el pescado. Me senté a meditar para calmar mi hambre, las tentaciones terrenales no podían ganarme. Al principio parecía que podía calmarla, pero mientras el sol se iba poniendo, mi estómago empezaba a rugir y las aves que ya deberían estar yéndose a dormir, seguían pescando y comiendo su presa delante de mí, mirándome fijamente, como mofándose del hambre que podía tener un inmortal. Así, por primera vez en muchas generaciones, tuve que pescar.

Me acerqué a un lugar con una gran cantidad de peces e intenté cogerlos con la mano, ¿qué problema podía tener alguien que cogía flechas en el aire con la facilidad con la que se coge una tortuga? Nada, no podía cogerlos, infinidad de peces en el río y no podía agarrar ninguno y el hambre aumentaba. No entendía lo que estaba pasando y corriendo me fui a la choza. Cuando el sol se ocultó completamente, el paisaje se oscureció y no podía ver nada. ¿Cómo podía ser eso posible si antes podía ver en la noche más oscura como si fuera el día más brillante? Tuve un mal presentimiento y a tientas logré llegar al sitio. Ahí, agarré una cuchilla que utilizaba para tallar y me corté el dedo. La sangre explicaba mi mayor temor, me había vuelto mortal de nuevo pues antes no había mera herramienta pudiera hacerme daño. No entendía qué había pasado, ¿acaso el hecho de no haber encontrado el Dao por generaciones me convirtió en lo que era en ese momento? ¿Era posible eso? Me aterró la idea y esa noche, el cansancio, una sensación que había olvidado hace tiempo me poseyó; pero a pesar de eso no podía dormir.

Al salir el sol, volví al río. Tenía de nuevo sed y mi hambre era imposible de reprimir. Donde estaba habían muchos frutos, pero me daba miedo comer uno de esos, podían ser venenosos y podía morir… verdaderamente morir. Preferí pescar.

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