Claudia: De cómo la vida continúa (I)


Advertencia: temas maduros, +18 años

Tiempo atrás, estaba conversando con una persona a la que conocí por muchos años y bien puedo decir que me volví su amigo. Una noche estuvimos hablando y me contó de algo que jamás hubiera podido sospechar: había sido violada. Me contó cómo pasó y yo no pude creerlo. Tiempo después, me enteré que no fue la única persona que conocía que lo había sido. Cada una fue de manera diferente, cada una con sentimientos diferentes respecto a esto, cada una llevando su vida adelante.

Esta novela NO es basada en sus vidas, es basada en cosas que ocurren a diario, cada historia diferente pero igual al resto. Cuando empecé a escribirla sentía que era algo que necesitaba ser escrito, conforme lo fui escribiendo, me di cuenta que tal vez no era yo el indicado a escribir una historia de este tipo. Intenté que otras personas de mi círculo la leyeran, pero al saber de qué se trataba el tema, no querían hacerlo, les daba “cosa” y dejé de escribir.

Luego de mucho tiempo, pasó algo que me hizo dar cuenta que tal vez no soy el más indicado, tal vez nadie quiera leerlo, pero tal vez, solo tal vez, alguien lo lea y pueda sentirse con fuerzas para seguir adelante, para encontrar un camino diferente.

Originalmente lo había publicado en Wattpad, pero este es mi blog, siento que aquí, junto con mis poemas y demás ideas, va mejor. Lo iré publicando por partes y espero sus comentarios. Sin más, espero que les agrade o al menos les ayude en algo:

Diana I

Creo que antes de continuar debo explicar unas cosas. Hace unos días recibí una llamada, se trataba de… no sé si sea buena idea decir su verdadero nombre… igual no creo que en este momento tenga importancia, se llama Claudia. Me extrañó su llamada, no porque nunca habláramos, sino que ella se había alejado de todos de improvisto y se volvió tremendamente malcriada con nosotros, ya nadie la aguantaba. Su voz estaba quebrada, tartamudeaba y casi no se le escuchaba. Lo poco que le llegué a entender era que quería verme, necesitaba conversar conmigo. Ella había sido una de mis mejores amigas por mucho tiempo y si bien estaba enojada por su nuevo comportamiento, al escucharla, supe que algo le había pasado. Le dije que si quería podíamos hablarlo por teléfono, pero luego de un largo silencio, respondió que prefería conversar conmigo cara a cara, lo necesitaba. Eso me preocupó más y le dije que viniera cuando quisiera. Otra pausa silenciosa y al final me dijo que si podía ir a su casa. No lo dudé y le dije que ahí estaría en unas horas.

No me acuerdo por qué, pero decidí bañarme primero, tal vez fue porque muy adentró de mí quería hacerla pagar por ese cambio de actitud que tuvo. Reconozco que fue aniñado, pero en ese momento lo sentía justo. Me demoré una media hora en el baño y un tiempo similar cambiándome.

Ya casi saliendo, mi novio me llamó y me hizo recodar que hoy nos veríamos para cenar. Me había olvidado completamente y le dije que tal vez llegaría más tarde porque Claudia me había llamado y expliqué lo que quería. Manuel no era muy fanático de ella desde que le conté cómo había cambiado, pero aceptó a regañadientes ese pequeño cambio de planes, luego de tenerle que jurar que tal vez llegaría un poco más tarde, pero de todas maneras iría a comer con él. «No queda otra, amor. Me avisas cuando termines», me dijo y luego de despedirnos, colgó.

Agarré mi casaca, busqué mi llave y bajé al estacionamiento. Mientras iba bajando, me puse a pensar exactamente qué podría haberle pasado. Llámenme ingenua, peores cosas me han llamado, pero jamás supuse que iba ser algo como eso.

Llegué a su casa luego de una hora por el bendito tráfico de la Javier Prado; es verdaderamente insoportable para ir a La Molina. Toqué su puerta y nadie contestaba. Insistí con el timbre y luego empecé a timbrarle el celular. Esperé un buen tiempo y no pasaba nada. «Vete a la mierda, Claudia», pensé y volteé para irme. En ese momento se abrió la puerta de su casa. Vi como sacaba tímidamente su rostro, sus ojos rojos y su aspecto demacrado me hicieron ver que estaba sufriendo. Mi primer impulso fue abrazarla con fuerza, como no había hecho ni con Manuel. Ella se sorprendió y débilmente me devolvió el abrazo al principio y luego lo hizo casi con tanta fuerza como el mío… y empezó a llorar.

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