Claudia: De cómo la vida continúa (IV)


Advertencia: temas maduros, +18 años

MANUEL

Diana de nuevo fue a ver a Claudia. Al principio no me quería contar lo que le había pasado, pero al final tuvo que decírmelo, era algo que no podía hacer sola. Yo sinceramente no sé cómo ayudarla tampoco. Le dije para ir a la policía, pero Diana me convenció de que sería una pérdida de tiempo y probablemente tenga razón. Yo no soy tan cínico con la ayuda que le pueden brindar, pero es cierto que ella no sabe cómo se llama su agresor y todas las pruebas que pudo haber tenido, casi han desaparecido excepto por el moretón en el estómago. Tal vez nunca pueda reclamar por justicia. Aunque sinceramente no creo que importe en estos momentos.

Se me ocurrió que sería bueno que fuera a estos centros de ayuda para mujeres violadas, hay ONG que ven eso e incluso la Municipalidad tiene asesoría, pero cuando se lo comenté a Diana, me dijo que ya lo había pensando, y Claudia le había dicho que no, no quería que se supiera de la violación, no quería ser una víctima más en la estadísticas. No me pareció que fuera lo mejor, estaba seguro que ellos le podrían brindar la ayuda que necesitara, además recibiría la ayuda de amigos e incluso desconocidos. pero Diana insistió en que se debía respetar su decisión. Estaba bien por mí, ya había hecho todo lo posible para ayudarla y si no quería hacer eso, yo ya podía estar con la conciencia tranquila al menos.

O al menos así lo creía. Había salido con unos amigos y entre la joda, la política y el futbol, empezamos a hablar, no sé cómo, de un tipa a la que había agredido un pata en un hostal. Lo habían filmado a él calato arrastrándola por los cabellos. Uno de ellos sacó su celular para ver el video y lo que me impactó no fue tanto el video, que ya de por sí era indignante, sino los comentarios. El anonimato del internet es una gran maravilla, pero ha hecho que los hipócritas que a vista de todos dirían que a la mujer no se le debe pegar ni con el pétalo de una rosa, en el anonimato minimizaban el hecho e incluso algunos decían que ella tenía también la culpa por ir con él.

Luego cambiamos de tema, pero eso siguió rondando en mi cabeza. ¿Hubiera pasado lo mismo con Claudia? ¿Las malas lenguas dirían que lo tuvo merecido? Ahora entendí mejor su reticencia a hablar y sin embargo, sabía que tenía que hablar con alguien más que con Diana, que por muy amiga que fuera, su ayuda no era lo único que necesitaba é que no para curarse, porque eso no tiene cura, pero al menos para seguir adelante.

Le dije a Diana lo que pensaba y ella estuvo de acuerdo. No teníamos idea de qué hacer, así que lo que se nos ocurrió fue hablar con un profesional para que nos ayudara con eso. Me contacté con un amigo y sin darle muchos detalles le pregunté que podríamos hacer, en ese momento me dijo que si ella no quería saber nada de un psicólogo, había pocas opciones para que nosotros hiciéramos algo. Me dijo que vería qué podía hacer y quedó en avisarme si encontraba algo.

Pasaron un par de semanas cuando él me contactó. Había logrado comunicarse con un grupo de gente que podría ayudarla, era algo parecido a Alcohólicos Anónimos, pero para personas violadas. Me dio el número telefónico y le agradecí la ayuda. Llamé a ese teléfono y un hombre me contestó. Eso me extrañó porque estaba seguro que sería una mujer quien lo hiciera. Le expliqué la situación y me dijo que no había problema, estaba seguro que podrían ayudarla, pero que necesitaban que ella quisiera ser ayudada, sin eso no podían hacer nada. Le dije que lo volvería a llamar.

Al decirle lo que hablé con el tipo a Diana, se emocionó. Me dijo que iríamos al día siguiente para convencerla. Yo no quería meterme tanto en eso, y podía traer problemas pero al final solo pude decir que sí.

Cuando Claudia nos abrió la puerta se sorprendió al verme, y no era para menos, supuestamente yo no sabía nada. Su cara de sorpresa se transformó en enfado cuando supo que Diana me había contado todo. Diana intentó calmarla, sin embargo ella estaba furiosa. Diana me miraba como para que dijera algo, yo solo le devolví la mirada con un «te lo dije» tan obvio que no necesitaba decírselo.

Finalmente cuando Claudia se calmó, le pudo decir de lo que me habían hablado. De nuevo empezó a gritar, ella no quería saber nada de loqueros y más importante aún, que QUÉ PARTE DE QUE NI UNA PUTA PERSONA SE ENTERARA DE LO QUE LE HABÍA PASADO NO HABÍA ENTENDIDO (sus palabras, no las mías). Sé que la situación ameritaba seriedad, pero no podía dejar de reírme internamente, eso le pasaba a Diana por tener la sutileza de una piedra en la cara. Entendía que era porque estaba verdaderamente preocupada por u amiga, pero no fue la mejor manera de decirle las cosas.

Volvió a calmarse un poco y esta vez, hable yo. «Claudia, debes entender que si ella me lo contó fu porque esto no lo puede sobrellevar ella sola. Entiendo que sientas que te ha traicionado, pero no es así, ella solo busca lo mejor para ti. Yo he podido averiguar acerca de este grupo, según lo que me dijo y luego investigué por internet, es un grupo de personas violadas que se ayudan mutuamente. No sé si habrá un psicólogo o no ahí, pero hay gente que entiende exactamente por lo que estás pasando. Diana te puede querer mucho y puede tener mucha empatía, pero sabes que ella no puede verdaderamente sentir lo que tú has vivido.

»Nadie te pude forzar a nada y ella, aunque no quiera, respetará tu decisión —Diana en ese momento me miraba con cólera, pero ella sabía muy bien que era lo único que se podía hacer—. Aquí te dejó el número. Yo no soy nadie para aconsejarte, pero creo que sería lo mejor para ti».

Creo que ese fue uno de los discursos más difíciles e importantes de los que tuve en mi vida. Agarró el papel y se fue a la cocina. Trajo tres vasos de plástico y se los llevó al bar a llenarlos. Ella tenía un vaso del pato Donald y por el color de la bebida supuse que se había servido un whisky, a mí me dio un vaso de Minnie Mouse con gaseosa (porque siempre que estaba con Diana me tocaba ser el amigo elegido y ya era costumbre) y a Diana le sirvió en un vaso de Mickey, agua mineral: Diana odia el agua mineral. Hizo un brindis y los tres tomamos hasta el fondo, Diana hizo un gesto de asco que hizo sonreír a Claudia.

«Gracias a los dos», dijo e inmediatamente marcó el número.

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