Claudia: De cómo la vida continúa (V)


Advertencia: temas maduros, +18 años

CLAUDIA II

Empezó a timbrar, era la segunda vez en poco tiempo que mi corazón se aceleró al escuchar el repique. Sonido, pausa, sonido, pausa… sentí que era mejor colgar y decir que nadie había contestado, de pronto, una voz.

—¿Aló? —dijo una voz masculina.

—Sí, ¿buenas? Hablo con el grupo para viola… ¡Ay dios! Para personas viol… Sorry, no sé cómo decirlo…

Pensé que el hombre al otro lado se iba a enojar por lo que estaba oyendo, pero su respuesta fue tranquila.

—Sí, somos ese grupo. Disculpe, ¿con quién tengo el gusto?

—Me llamo Claudia de Zevallos y un amigo, Manuel Santana, me dio su número, yo… —veía a Manuel y a Diana, ellos me observaban atentamente, estaban cogidos de las manos y yo no sabía cómo continuar.

—Sí, hablé con Manuel hace poco. No tiene qué decir nada, por ahora, si no lo desea. Este es un momento muy difícil para usted, nuestro grupo puede ayudarla. ¿Quisiera participar con nosotros?

Quería decirle que sí, pero algo me retenía. Estoy segura que si no hubiera ido por los dos que me estaban viendo, hubiera colgado inmediatamente y bloqueado su número para siempre.

—Sí… —fue mi débil respuesta.

—Entiendo su reticencia, está cordialmente invitada a ir a cualquiera de nuestras reuniones, nos vemos todos los viernes en la noche…

—¿Tengo que salir? —pregunté casi de inmediato, sin pensarlo. Desde esa noche intentaba no salir de mi casa, si lo hacía era para comprar comida y nada más. Me había convertido en una prisionera en mi propia casa y la sola idea de salir por largo tiempo en la noche… me aterrorizaba.

—No, entiendo por lo que está pasando. Según la necesidad, también nos reunimos en casa de los participantes. No habrá problema si desea que vayamos a su casa.

Acepté y le di mi dirección. Era miércoles así que en dos días, mi primera sesión comenzaría. Me sentí ligeramente relajada, esperaba que eso fuera lo que necesitaba. El viernes ellos vendrían… ¿vendrían? ¡¿Le di mi dirección a un perfecto desconocido?! Mi miedo por salir había ganado a mi sentido común. Sentí un frio que recorrió todo mi cuerpo y empecé a sentirme mareada. Casi me desmayo. Manuel vio eso se inmediatamente se levantó para ayudarme. Le agradecí su ayuda con un gesto. Aún me sentía mal; algo en mi interior quería salir, liberarse… y le vomité la camisa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s