Claudia: De cómo la vida continúa (VII)


Advertencia: temas maduros, +18 años

GIANFRANCO

Le di pasé a Claudia para que se presentara, se le notaba nerviosa, pero eso era de esperarse.

Siempre es difícil cuando llega un nuevo integrante. La idea de reunir a personas que han sufrido una violación en teoría es buena, pero muchas veces puede causar más problemas de lo que soluciona: peleas entre los participantes, algunos intentan imponer sus puntos de vista, otros están tan encerrados en sí mismos que no quieren ver que hay salida, otros simplemente entran en un estado depresivo tan fuerte que empiezan a deprimir a los demás. Muchas cosas pueden pasar, por eso mismo hay que tener mucho cuidado.

Está nueva integrante parece que le irá bien aquí, ya empezó a comunicarse con los demás y tiene amigos que la están apoyando. Los pasos que seguirán serán duros, pero creo que podrá avanzar.

«Hola a todos —comencé—, como saben hoy se nos unirá una nueva integrante. Antes de que ella se presente, debo recordarles a todos las reglas de este grupo. Primero, aquí todos somos hermanos. No importa la raza, condición social, edad, sexo, orientación sexual, idioma, nada; somos un grupo donde unidos vivimos o separados caemos.

Segundo, lo que se cuenta acá, se queda acá, al menos que el que lo comentó, permita que se diga en otra parte. Recuerden que el respeto hacia la privacidad del otro es una de nuestras bases.

Por último, cuando uno de nosotros empieza a hablar, los demás se callan. No se harán preguntas al menos que el que habla de permiso. De nuevo, el respeto es importante entre nosotros.

Ahora sí, como es nuestra costumbre, la nueva integrante se presentará, no es necesario que nos digas porque estás acá, eso ya lo sabemos todos aquí; ni qué te hicieron; cuando estés lista lo dirás. Luego los que deseen pueden presentarse y contar sus experiencias. De nuevo, todo es libre; nunca impondremos nuestra voluntad a nadie».

«Hola, me llamó Claudia García y yo… fui… —una pausa larga y un fuerte rubor en las mejillas hacían ver que no sería nada fácil para ella—; lo siento, pensé que podría decirlo, pero se me hace difícil; lo siento mucho».

Nadie dijo nada, todos sabían que era una reacción normal. Decir que fuiste vejada en frente de desconocidos, no es algo que muchos puedan hacer al prinicipio.

«Bienvenida Claudia —le dije—, espero que puedes poco a poco contar con nosotros».

Iba en ese momento a decir que los que querían podían hablar, pero vi que Yéssica levantó la mano, quería hablar. No estaba seguro que fuera lo ideal, pero eso no dependía de mí.

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