Claudia: De cómo la vida continúa (VIII)


Advertencia: temas maduros, +18 años

YÉSSICA

Todos me están viendo, y mi tía me está agarrando la mano. Tengo que ser fuerte, no solo por mí, sino por ella que me ha ayudado tanto; no sé qué me hubiera pasado si no estuviera conmigo.

«Hola a todos —dije con el corazón en la boca—, todos ustedes ya saben cómo me llamo y hasta hace poco era la más nueva del grupo… quiero decirle a Claudia que… este grupo me ha ayudado muchísimo y que… luego de hablar con ellos, de escucharlos, me he logrado sentir mejor. Aún tengo miedo… aún veo con recelo cada vez que alguien pasa a mi costado… pero… pero… ya puedo contar lo que me pasó.

Vivía con mi papá, mi mamá y mis 4 hermanos, yo soy la penúltima y pues, mis padres casi no estaban en la casa… no quiero aburrirlos, en verdad no quiero, lo que me pasó le ha pasado a muchas chicas… y yo… »

No puedo evitarlo y me pongo a temblar, pensé que iba a ser más fácil después de todo este tiempo, prto no lo es.

«Tranquila Yéssica —me dice Gianfranco con una voz tranquilizadora— no tienes que decir nada si aún no estás lista».

Siento que mi tía me está presionando con fuerza la mano, no me duele, pero siento como a ella le duele lo que me ha pasado. Quiero ayudarla tanto como ella me han ayudado a mí y no solo a ella quiero ayudarla. Ahora estoy en la casa de una mujer que debe tener casi el doble que yo. Ha tenido una buena vida, tiene cosas que yo jamás hubiera soñado tener y aún así… aún así también fue violada. Sé cómo se debe sentir, como una de esas pinturas que tiene colgadas: todo confuso, lo que parece gente gritando, colores grises, tristes, dolor. Así me sentía (y aún me siento); por eso quiero ayudarla; tal vez no pueda hacer mucho, pero algo puedo hacer.

«Gracias, pero deseo continuar —le respondí a Gianfranco decidida a hacerlo—, mis padres trabajan desde temprano y mis hermanos mayores ya habían empezado a buscar trabajo. En las noches éramos generalmente mi hermanita y yo, solas. Yo no tenía problemas en cuidar a mi hermanita, era pesado, pero ya me había acostumbrado; pero una vez mientras la cuidaba y hacía tareas, me quedé dormida y dejé la vela con la que estudiaba prendida. No pasó nada, llegaron a tiempo mis padres para apagarla, pero eso hizo que mi madre se preocupara. Hubiera podido pasar una desgracia, así que decidió que alguien debía cuidarnos mientras nadies… nadie estaba.

Le pidió a una tía que nos cuidara y al principio no había problema, ella se encargaba por unas horas de mi hermanita y me daba tiempo para hacer mis tareas, lo suficiente como para poder terminarlas y encárgame de ella luego. Pero un día mi tía no pudo venir y le dijo a mi tío que fuera. Yo quería a mi tío, cada vez que podía me daba dulces y me acariciaba con cariño. Fue varias veces y siempre jugaba conmigo, y prefería que él fuera a que mi tía lo hiciera… pero un día —debo respirar y estar tranquila, debo hacer esto, por mí y ella y todos los que estamos aquí, debo ser fuerte—, un día él vino chupa… borracho, no pensé que habría problema, quería a mi tío y nunca me había hecho daño, lo dejé pasar.

Empezamos a hablar, y cada vez se acercaba más a mí, y me empezaba a acariciar más y más. Sentía su aliento y quise apartarme de él, pero me agarró fuerte y empezó a acariciarme las piernas, cerca a la entrepierna. Yo… yo me quedé quieta, no sabía qué hacer y luego me empezó a decir que si me gustaba ese tipo de caricias. Le respondí con un débil no, y el siguió y esta vez empezó a acariciarme las te… los senos… —me siento más fría con cada palabra que doy, estoy agarrando fuertemente la mano de mi tía, debo continuar—, yo… yo no sabía qué hacer, estaba palte… asustada. Él me empezó a apretar con fuerza mis senos y acercó su boca apestosa para besarme. Intenté alejarme con todas las fuerzas que podía, pero él era más fuerte. Quise gritar, pero me tapó la boca y me dijo casi en un susurro que sería una lástima que mi hermanita se despertara, tal vez… tal vez podría hacerlo con ella…»

Esta vez no puedo evitarlo y me pongo a llorar, recordar eso es muy doloroso para mí. Veo a mi tía que también está llorando. Los demás están atentos, cada uno apenada porque sabe lo que viene. Veo a Gianfranco y me hace una seña que continúe. Respiro profundo y lo hago.

«Me obligó a que me quitara mi ropa y me dijo que me pusiera en el piso. Lo obedecí, era un piso solo de cemento y estaba helado. “Si gritas, te mato”, me dijo el que hasta hace unos días era mi tío favorito. Sentí un dolor horrible y traté de aguantar el dolor y me tapé la boca. “Así me gustan, vírgenes”, dijo… recuerdo bien sus palabras, nunca las olvidaré.

Cuando terminó, me ardía mi cosita… vagina, dolía mucho, vi sangre y un líquido blanco saliendo de ahí. En ese momento pensé que me iba a morir. Empecé a llorar.

“Calma, calma, es normal que sangres —me decía mientras me acariciaba como si fuera el tío de siempre—, ahora hay que limpiar todo. Esto será nuestro secreto ¿no? No queremos que no le pase nada a nadie… como a tu mamá por ejemplo”.

Le prometí tratando de controlar mi llanto que no se lo diría a nadie, le hice prometer que no lastimaría a nadie de mi familia. “No te preocupes, no pasará nada si guardas el secreto”. Luego me dijo que limpiara todo y me ayudo a hacerlo. Él agarró lejía y se puso a trapear hasta que toda la habitación olía a eso. Luego de eso, se marchó.

Me moría de miedo y me fui a dormir con mi hermanita. La abracé lo más fuerte que pude y quería llorar, pero me aguanté porque no quería que ella se despertara. Al día siguiente, vi a mis papás y por un momento pensé que lo que había pasado en la noche fue solo una pesadilla, pero abajo aún me dolía. Quise decirles lo que me había pasado, que me defendiera… sin embargo, me dio miedo lo que me había dicho. No quería que les pasara nada y solo corrí hacia ellos a abrazarlos».

Aún me faltaba terminar de contar, pero las lágrimas podían más, ya no pude contenerme y abracé fuertemente a mi tía. Ella me devolvió el abrazo y me acaricio el cabello con amor. «Estás a salvo —me dijo—, eres muy valiente».

La abracé más fuerte aún,hasta que las lágrimas no salieron más.

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