Claudia: De cómo la vida continúa (X)


Advertencia: temas maduros, +18 años

CLAUDIA III

¿Cómo alguien había podido abusar de esta niña? ¿Qué persona tan desalmada podía haber hecho eso? A pesar de haber sufrido casi lo mismo que ella, sentía que yo tuve «suerte». ¡Qué terrible decir eso! Intenté dejar de pensar así, pero no podía. No me podía imaginar qué hubiera pasado si me hubieran violado a esa edad. ¿Podría haber actuado como ella? ¿Peor? ¿Mejor? Era para mí, imposible imaginarme algo como eso… y sin embargo… ¿hubiera podido imaginarme ser violada a mi edad? No… esto es algo que simplemente ocurre… muy pocos podrían entender lo que sentimos al ser violadas. La impotencia, la frustración… es difícil, tal vez hasta imposible.

Veo a esta niña contando lo que le pasó, tiene miedo, tiembla, pero está enfrentando su dolor. ¿Podré hacer lo mismo algún día? Espero que sí, quiero ser tan valiente como está niña. Quiero poder dejar todo esto atrás y seguir adelante.

Ella continua su historia, cuenta como su mamá intentó ayudarla con lo que podía, pero era difícil. No tenía los recursos y su antigua tía cariñosa, les hacía la vida imposible y el tío una vez intentó acercase varias veces a ella. Incluso la amenazó una vez y si no hubiera sido por una vecina que vio lo que había pasado, ella seguramente se hubiera acobardado.

La tía que está con ella en ese momento es prima de su papá. Ella había vivido en el mismo sitio que su padre, pero estuvo más dedicada a los estudios, logró ingresar a la San Marcos (tercera en la familia en lograr eso) y terminar la carrera (única en hacerlo) de derecho. Se había alejado mucho de su familia y se sorprendió mucho cuando no su primo, sino la esposa de este la llamó. Le explicó todo lo sucedido y le rogó que ayudara a su hija. No quería que ella viviera ahí, con esa gente que en cualquier momento podría hacerle daño.

Ahora es la tía la que habla. Dice que al principio no supo qué pensar y le preguntó a su esposo: ya tenían un hijo y si aceptaban tenerla, era otra boca que alimentar y tendrían que hacer muchos ajustes a su vida, incluso tendría que posiblemente ayudarla con un psicólogo. Su esposo también estaba preocupado por eso, muchas cosas cambiarían y tendrían que hablar con su hijo sobre eso. Ninguno de los dos estaba completamente seguro. Estuvieron muy cerca de decir que no. la razón por la cual la aceptaron fue muy simple, la llegaron a conocer.

Se reunieron un día en un Mc Donalds en un punto intermedio entre sus casas. Dijo que cuando la vieron toda pequeña e inocente, les dio lástima, pero no podían decir que sí solo por eso. Estaba tímida, apagada y costaba que pudiera decir algo, casi todo respondía con monosílabas. ¿Podrían verdaderamente ayudar a alguien en su actual estado? Lo veían improbable. Parecía que todo ya estaba respondido cuando su hijo le dijo a Yéssica para jugar. Lo habían llevado porque no tenían a nadie con quién dejarlo en ese momento y los juegos del lugar lo distraerían mientras conversaban. Ella los vio como pidiendo permiso y luego se ue a jugar con él. Vimos como cambió su estado, ahora estaba alegre, vivaz, se puso a jugar con nuestro hijo como si se hubieran conocido siempre. Aceptaron al ver eso.

Cuando terminó su relato ambas dijeron que si querían podíamos hacer preguntas. Fui la única en levantar la mano como si fuera una niña de primaria. Hubo ciertas risas y me sonrojé un poco.

—¿Por qué has contado todo eso? —dije intrigada—, ¿no hubiera sido mejor que ella no supiera que estuvieron a punto de negarse?

—No —respondió para mi sorpresa Yéssica—, sabía que había la posibilidad que no me aceptaran. Es más, lo esperaba. En ese momento sentía que mi vida no valía nada y esperaba lo peor de todo. Saber que a pesar de que estuvieron a punto de decir que no, pues también tenían problemas, y aún así me aceptaran, hace que me sienta más feliz de estar con ellos. Me aceptaron a pesar de sus dificultades y de las mías.

Era increíble que pensara de esa manera. Sentía que era muy madura para su edad. Tal vez ella fue así desde un principio o tal vez la violación la hizo madurar.

—¿Y cómo entraste a este grupo? ¿Cómo lo conociste?

Ahora fue el turno de la tía en responder.

—Ella cuando vino a nuestro departamento estaba triste, no hablaba con nosotros y solo jugaba con Alex, mi hijo. Fue difícil para todos nosotros adaptarnos. Al principio ella tuvo que dormir con mi hijo. Felizmente Alex no le importó y hasta le gustó la idea de tener a alguien en su cuarto y Yéssica siempre estaba más calmada cuando estaba con él.

»Como todo había pasado a principios de año tuvimos tiempo de cambiarla de colegio, pero tuvimos que inscribirla en un colegio nacional, no nos alcanzaba para el mismo colegio de Alex. Temíamos que ella se sintiera disminuida por eso, pero no nos dijo nada. También nos preocupábamos por el desayuno, era silencioso al principio y nos sentíamos apesadumbrados. Sentíamos que algo le faltaba y fuimos directos con ella y le preguntamos. Nos dijo que quería que su hermanita estuviera con nosotros. Eso nos rompió el alma. Tener otra boca que alimentar hubiera sido… malo…»

—¿Qué pasó con tu hermana, la dejaste abandonada? —pregunté casi indignada.

Vi sus caras y mi fastidio se transformó en vergüenza. No podía imaginar esa situación, nunca había tenido jamás problemas económicos y incluso con dos bocas que alimentar, aun así no hubiéramos tenido problema alguno. Eran cosas que jamás me habían tocado vivir. Veo como las dos se agarran de la mano, qué difícil debía haber sido esa situación. Me avergoncé de haber preguntado eso.

—Fue difícil —respondió Yéssica—, ella aún vive con mis papás. Intentamos que vaya los fines de semana y se quede a dormir en casa de mis tíos, pero no siempre se logra. Intento ganar dinero de todas las formas que puedo, vendo alfajores, chocotejas, bisutería, cualquier cosa que me permita ahorrar y ayudar a mi hermana. Mis padres y hermanos también están intentando guarda dinero; el próximo año vamos a intentar con todo el dinero reunido, poder yo alquilar un cuarto cerca a al colegio y así mi hermanita pueda vivir con mis tíos…

—¿No te aterra la idea de mudarte sola? ¿No piensas que te puedan atacar de nuevo?

De nuevo hablé sin pensar. Recién estaba empezando a contar su historia y yo ya l estaba llenado de miedo; pero no puedo comprender cómo podría hacerlo. Yo no podría vivir con desconocidos.

—¡Claro que me será difícil! ¡Pero tengo que hacerlo! ¡No solo puedo pensar en mis miedos! ¡Tengo que ayudar a mi hermanita!

Esa respuesta me dejó sin nada que decir. Absolutamente nada. Ella tenía miedo, pero le importaba más proteger a sus seres queridos que su miedo. Ella era muy valiente. ¿Podría alguna vez ser yo así?

Sinceramente lo dudaba. Jamás volvería a ser la misma.

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