Problemas en la traducción: Los nombres propios


Introducción

Los nombres por sí solos son un conjunto de sílabas que sirven para nombrar a alguien o algo, si se le ve desde esa óptica fría, no tendrían más valor que un calzoncillo con hueco; pero los nombres son algo más que palabras, los nombres tienen una magia especial cuando se juntan con el ser. El ser humano se independiza del colectivo por su nombre, el nombre es parte de sí, y lo convierte en un ser único, en alguien especial. Y por eso mismo motivo el ser humano le pone nombres a los animales o a los objetos, porque quiere que sean tan únicos como él.

Y a pesar de esto los nombres es uno de los aspectos menos estudiados en la traducción y por ese mismo hecho muchas veces se traducen o cambian en algunas obras sin ton ni son. ¿Pero en qué se diferencia traducir un nombre de cambiarlo? En que en la traducción se intenta conservar el símbolo del nombre, pero con los cambios se usa el camino más rápido y simplemente se transpone un nombre nuevo sin relación con el original.

¿Y qué es el símbolo del nombre? Ese símbolo es lo que representa el nombre, no es lo mismo, por ejemplo, llamar a un perro pequinés “Chiquito” que llamarlo “Devorador”, lo que representa esos nombres son dos cosas diferentes, los símbolos son diferentes. Y con los nombres humanos pasa lo mismo, ríos de libros acerca de los nombres se ven cerca a los futuros padres que entienden –al menos inconscientemente- la importancia del nombre. Muchas veces los nombres se dan en honor al padre o al abuelo de uno de los futuros padres y eso es lo que simboliza la esperanza de que esa persona sea parecida al portador original del nombre.

¿Nos gustaría que nos cambiaran de nombre cuando llegásemos a otro país? Si alguien se va a Estado Unidos y se llama Pedro, ¿le gustaría que le llamarán Peter o, en el peor de los casos, Stone[1]? Dudo que a muchos les guste este cambio –a menos que tengan un alto grado de alienación-  así que ¿por qué algunos traductores lo hacen?

Es porque muchos traductores no le dan la debida importancia. Por este motivo en este trabajo deseo exponer una teoría preliminar acerca de la traducción, y evitar en lo posible el simple cambio de nombres, y de esta manera reivindicarlos.

Y por este motivo en este trabajo se van a explicar las tres acciones que un traductor puede elegir al momento de elegir el nombre adecuado y, además, los 6 factores fundamentales que se pueden utilizar para una mejor elección y de esta manera no cometer los errores  que mucho traductores han cometido en el momento de “bautizar” a los personajes en series de televisión, historietas, mangas e incluso libros, todos esos texto donde muchas veces el nombre es fundamental.


[1] Pedro viene del latín Petrus (piedra).

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