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De mi regalo de cumpleaños


Ayer recibí un regalo,
tan raro como hermoso,
una esponja de lavar ropa,
recortada y con rostro,
tan deforme y horroroso,
que a cualquiera rompe el coco,
intentando como loco,
descubrir como es el rostro.

Mas ese regalo,
que es tan raro y horroroso,
es mi alma es hermoso,
pues un corazón lo ha creado,
puro y dadivoso.

Por eso escribo estas líneas,
para siempre recordar,
el regalo tan genial,
que mi sobrino me ha creado,
pues nunca me voy a olvidar,
este regalo singular,
¡tan feo como hermoso!

Sobre mi cumple


Llegó el día menos esperado por mí, el día que a mi madre le abrieron el vientre para sacar una, según una tía de mi mamá, “la longaniza más fea que el mundo a conocido”, y le doy la razón. Pero bueno, no hay nada qué hacer, después de años de años estando en este mundo y disfrutando de la visa (bueno, lo mucho que puede disfrutar un introvertido que prefiere mil veces estar en su laptop que enfrentarse al sol cual vampiro. Al menos puede decir que tuve suerte, una buena familia de clase media, unida y que está en esa fina línea entre liberal y conservadora; no somos pobres (pero tampoco ricos, así que no me vayan a secuestrar por favor); sí, definitivamente tuve suerte.

Por ese en este día tan…. “especial” (considerando que estamos en la pandemia más jodida después de décadas), deseo que no solo yo disfrute de este día, sino que todos lo hagamos, no por ser día de mi cumpleaños (aunque no me quejaría si lo hicieran fiesta mundial), sino que celebremos la vida, a la familia y a la felicidad. Porque, carajo, necesitamos celebrarlas, como jamás se han celebrado. Necesitamos eso.

En fin, ¡feliz cumpleaños a mí y a todos los 28denerinos!

De virus y personas.


Somos responsable de nuestros actos, a menos eso es lo que yo esperaría que pensara la gente. La verdad es que, por lo que veo, más parece una sugerencia que una verdad. Estos meses de pandemia se ha visto a las personas hacer lo que le viene su regalada gana y salir a pesar de que no deberían. No hablo de la gente que debe salir a trabajar, ni de la gente que debe salir a hacer compras, son necesidades, y si bien se arriesgan a contagiarse, desgraciadamente es inevitable. Sin embargo, no hablo de esas personas.

Son las personas que salen a bailar, a buffets con gente desconocida, a hacer cola en las licorerías para comprar su cajón de cervezas, a aquellos que hacen quinceañeros clandestinos. Ellos son los lo que no entienden de responsabilidad. Las necesidades banales de uno son más importantes que las necesidades de salud del resto aparentemente.

Muchas vidas se han perdido por eso, muchas vida más se perderán. Algunos habrán aprendido la lección, otros simplemente o no la habrán aprendido o la olvidarán a meses de haber desaparecido la pandemia. Solo espero que las personas entiendan y recapaciten, hay cosas más importantes que las banalidades, pero la pregunta es… ¿lo harán?

Quisiera decir que sí… pero desgraciadamente será un rotundo no.

Sobre los años que pasan


Los años, los años, ya falta poco para ese día fatídico ese día donde oficialmente soy un año más viejo que el día anterior. ¡Terrible! Con más panza y menos cabello, con más sabiduría y menos tolerancia al alcohol, ¡horripilante!

¿Pero qué se puede hacer? No es que verdaderamente se pueda contrarrestar el avance del tiempo (si alguien lo sabe, puede decírmelo con confianza), solo queda seguir adelante con eso, con el saco pesado de los años y las idas cada vez más constantes al doctor.

Los años no pasan en vano, y aunque no he cumplido todas las cosas que he deseado, sigo en la lucha por mis sueños, por la felicidad, por mas cabello, lo común, ustedes saben. En fin, este escrito es solo para recordame y recordarles que los años avanzan, pero hay que seguir, como dijo una gran empresaria/ cabaretera/ congresista/ ícono de multitudes /queen de Perusalem: Vive la vida y no dejes que la vida te viva.

Grandes palabras, sabias palabras.