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Pensamiento arbóleo I+II


Antes de empezar, si bien este escrito está muy ligado a los anteriores, es una idea que se me ocurrió mientras los escribía y no exactamente la tercera parte sino una adenda (de ahí el título).

Mientras  escribía la anterior entrada me di cuenta que me faltaba algo. Tenemos la tercera opción, la tercera situación pero hay algo que debe conectar ambas u otras opciones y situaciones. A ese algo le podemos llamar “pensamiento”.

¿En qué sentido conecta el pensamiento a la opción y a la situación? Es bueno que pregunten eso amables lectores y el hecho que hayan preguntado es parte de la respuesta. Si han leído el primer párrafo están en la situación de lectura lo que les abrió un abanico de posibilidades y de todas ellas decidieron la que se refería a preguntar de qué carajos estoy hablando; pero lo que les hizo decidirse por esa opción es porque quieren saber lo que quiero decir y justamente esa curiosidad es su pensamiento.  Es decir:

Lectura => Curiosidad => Pregunta
Situación => Pensamiento => Opción

Generalmente si tienes un pensamiento introvertido tenderás a elegir quedarte en tu casa o salir si eres extrovertido. Todo fácil hasta ahí (creo). Ahora bien, el hecho que el verbo “tender” esté en negrita no es un error; es simplemente que el pensamiento no siempre es (ni deber ser) inamovible.

Algunos piensan que tener un pensamiento tan fuerte y sólido como una roca es bueno, pero no es cierto. Una columna fuerte y sólida que no se mueve ante terremotos termina rompiéndose y de la misma forma un pensamiento de ese tipo puede terminar hecha añicos frente a lo inesperado.

Para entender este, de nuevo un ejemplo, está vez no será mío sino de Sócrates (al menos eso creo, hace tiempo lo leí y aunque estoy casi seguro que es de él, o atribuido a él, si alguien me refuta, estaré encantado de saberlo). El filósofo le pregunta a una persona si matar era malo, este le responde que sí. Esa persona no puede siquiera pensar en matar a un ser humano, a un igual. Eso estaba muy bien a ojos de los que eran testigos de la conversación, era un muy buen pensamiento y creían que todos deberían pensar que matar es malo, era lo lógico.

Sócrates luego le preguntó qué pasaría si una persona lo ataca pues desea matarlo, ¿seguiría pensando que matar era malo?  Claro que sí -respondió la persona-, por eso intentaría detenerlo para que luego lo pudieran apresar. Seguro algunos pensarían que el chico era ingenuo, otros tal vez que vencería al filósofo; este simplemente le preguntó que si aún intentándolo no lograba reducirlo y esa persona seguía con intenciones de matarlo, entonces ¿dejaría matarse para evitar tener que matar a su igual? El joven tuvo que admitir que tendría que hacerlo y también se quejó que ese supuesto era un extremo absurdo. Sócrates lo miró y le dijo: “¿pues en que momento nuestras ideas se ponen a prueba sino en los extremos absurdos?”.

Grosso modo eso es la historia que recuerdo (excepto la última parte que la inventé pero es muy buena como para no ponerla) y esa última parte (por muy inventada que sea) es el meollo del asunto. Cuando uno se enfrenta a una situación extrema (o en sí a lo inesperado), si el pensamiento de uno es demasiado firme no podrá enfrentarse a la situación. Una firmeza de pensamiento inquebrantable hubiera matado al chico de la historia por no querer matar a otro ser humano, la situación lo obligó a ser más flexible.

Ahora, no solo es un caso extremo sino es un caso del momento, donde no da mucho tiempo para pensar. Sin embargo, a pesar de los dañinos que pueden ser los inesperados, muchas veces los más peligrosos son los que uno elige una opción por largo tiempo, pues genera problemas a futuro.

Con esa idea vayamos a un supuesto práctico. Un coordinador de una facultad tiene un pensamiento digamos “ahorrador”. Hace cambios que el cree que convienen a la facultad, mientras más ahorren, mejor es para todos pues permite guardar y de esa manera no tener problemas de efectivo en un futuro; todo genial hasta ahí. El gran problema con no ve todas las ramificaciones que eso conlleva.

Ahora supongamos que antes que él llegara, los alumnos en su primer día recibían ciertos obsequios, nada caro pero daba la idea que eras bienvenido; obviamente eso costaba dinero así que decidió quitarlo. La cosa es que solo en su facultad se quitó, todas las demás daban la bienvenida con algo parecido.

Si ustedes fueran los alumnos de esa facultad, ¿cómo se sentirían? Definitivamente no tan bienvenidos como en otras facultades. Tal vez no parezca la gran cosa al principio, pero esas cositas se van acumulando y al final, por ahorrar unos cuantos reales, gastaste algo que es mucho más difícil de reponer, la imagen.

Resumiendo, en una situación (la facultad) dada, este coordinador se basó en su pensamiento (ser ahorrador) para elegir la opción (el recorte) que creía conveniente. Obviamente, este no lo sabría, pero el resultado de esta última no sería el mejor.

Otro ejemplo incluso más común. Una madre tiene un niño, lo ama y lo adora como toda buena madre y desea protegerlo de todo mal. Lo sigue protegiendo durante toda su vida y no se da cuenta que a la larga solo perjudicará a su hijo. De nuevo querer proteger (pensamiento) a su hijo (situación) “diseño” cómo lo cuidaría (opción).

Como esos ejemplos, se pueden encontrar miles y todas sus opciones causan problemas porque tan rígidos estuvieron en sus pensamientos, que jamás se dieron cuenta que habían otros factores que analizar y dependiendo de eso modificar un poco (porque en verdad casi nunca es necesario darle un giro de 180º) su pensamiento y listo. Si el coordinador viera la importancia de la imagen ante los alumnos, podría dar menos o algo más barato, incluso recortar solo un poco del presupuesto para otras cosas, solo lo suficiente como para poder pagar la bienvenida o cualquier otra cosa que se le ocurra. La madre podría seguir protegiendo a su hijo, pero ya no en todos los momentos pues entendería que ponerlo en una burbuja no le hará ningún bien.

Solo un poquito y nada más.

Por eso es importante cuando tomen una decisión (especialmente si es importante), no solo dejarse llevar por lo que piensan; tómense un tiempo y pregúntense no si esa columna llamada pensamiento es lo suficientemente fuerte y rígida  si esa columna es lo suficientemente resistente para no derrumbarse y en tal caso qué modificaciones hay que hacer. Hacer eso es extremadamente complejo y difícil, pero se debe hacer si en verdad queremos tomar buenas decisiones.

Pensamiento arbóleo II


Ahora que ya hablamos de la tercera decisión, hablaremos de la tercera situación que es parte importante del pensamiento de estos seres tan poco humanos.

¿A qué me refiero con la tercera situación? Veamos. Imaginemos que están en un examen, aquí solo hay dos posibilidades ¿no? O aprueban o desaprueban. Esperan el resultado y de pronto… al profesor se le pierde su examen y no pasó ninguna de las dos opciones que esperaban. Esa es la tercera situación, lo inesperado.

Es cierto que es un caso un poco sacado de los pelos, pero ¿cuántas veces les ha pasado que tenían esperado un resultado y ocurrió algo que jamás de los jamases hubieran creído posible? A mí ciertamente me ha pasado, y ¡de qué manera! Lástima que no puedo contarla, pero ¡si pudiera! definitivamente una cosa muy curiosa.

Volvamos al tema, ¿qué se puede hacer con lo inesperado? Un humano común y corriente puede pasar desde reírse a llorar por lo injusto de la situación; todo dependiendo de qué situación estamos hablando. Un arbóleo, no; este vería lo que ha pasado e intentaría actuar calmadamente, tal vez aplicando la tercera opción antes ya descrita. Un humano no puede ser un arbóleo, pero sí puede intentar hacer lo mejor posible para sobrellevar lo inesperado.

En el ejemplo que puse, la situación no da tanto problema; pueden los alumnos pedir que se tome otro examen (con más tiempo para estudiar), pedir al profesor que ponga una nota aprobatoria a todos (algo que difícilmente este acepte, pero que vale la pena intentar) o alguna otra opción que se les ocurra. Todo fácil.

Ahora, ¿qué pasaría si un ser al que aman mucho un día va a trabajar/estudiar/lo que sea y se enteran a las horas que ha fallecido? ¿Cómo actuarían? Un arbóleo lo tomaría con tristeza, averiguaría porqué falleció y dependiendo de eso actuaría. Un ser humano imposible que actúe así; nosotros somos seres emocionales y el dolor nos dejaría paralizados. Esa sería nuestra primera reacción, pero no podemos hacer que sea la única. Tendríamos que actuar sobre la base de eso, a pesar del dolor del momento. Ir al hospital o morgue, comunicar a los familiares, preparar el velorio y otras cosas más.

No puedo ni imaginar lo que se sentiría pensar en todas las cosas que hay que hacer mientras uno se siente así, pero es necesario porque aunque lo inesperado puede ser muy doloroso, se debe seguir avanzando. La tercera posibilidad es simplemente parte de nuestras vidas y tenemos que seguir viviéndolas y seguir enfrentándolas aun si no queremos.

Lo único que podemos hacer con la tercera situación es ser un poquito como los arbóleos, saber que siempre, siempre, siempre lo inesperado puede aparecer y que siempre, siempre siempre hay que, ironías de la vida, estar preparados para eso porque si nos agarra totalmente desprevenidos… es peor, siempre es peor.

Algunos pueden pensar que para mí es facilísimo decir que debemos estar preparadso cuando uno está detrás de una computadora, pero a la hora de la hora simplemente es imposible hacerlo. Pueden tener razón, pero el solo saber que lo inesperado puede pasar, muy a pesar de cómo actué, me da una ventaja sobre los que no lo saben: sé que es parte de la vida y que, sea buena o mala, debemos seguir adelante.

Pd. Por cierto, por escribir tanto que la vida continúa me ha dado muchas ganas de escuchar Obladi Oblada

 

El pensamiento arbóleo


El pensamiento arbóleo en NARRACIONES REALES DE LOS REINOS FANTÁSTICOS es el de la “tercera opción”. Este está dividido en dos: decisiones y situaciones. Hoy solo hablaré del primero y para explicarlo mas detalladamente quiero empezar con una pequeña historia.

Hay un joven rey sentado pensando cómo puede resolver un gran problema. En frente tiene un desafío que, según la profecía, quién logré vencerlo será un gran conquistador. Muchos hombres lo han intentado y ninguno ha podido. Este joven lo ve, lo analiza, revisa todas sus opciones y parece que él tampoco será un gran destino.

El desafío es en apariencia tan fácil que cualquiera que lo escucha pensaría que es ridículo: desatar un nudo. ¿Quién en su sano juicio pensaría que eso podría ser un desafío digno de profecía? Sin embargo lo era y mucho más complejo que cualquier reto que hubiera tenido el rey hasta ese momento.

El joven sigue pensando, ¿se puede o no se puede desatar ese nudo? Muchas ideas le pasan por la cabeza, ¿tendrá solución? ¿no será un engaño? y en el peor de los casos ¿podría retirarse sin perder su reputación? Esa era una de las opciones que tenía, la otra era obviamente desatarlo. Si elegía la primera sería uno más del montón y él definitivamente era muchas cosas menos eso.  No, no se iba a retirar. O lo hacía o lo hacía… ¿pero cómo?

En un momento casi mágico el rey va más allá de la dicotomía del desafío (desatarlo o renunciar) y se le aparece la tercera opción, lo inesperado. El joven agarró su espada y con un solo movimiento cortó el nudo limpiamente. Imaginen la sorpresa que causó esa acción, impensable para muchos que solo veían dos respuestas al desafío. Ese joven iba a ser un gran conquistador, con hazañas que muy pocos podrían igualar en todo el mundo y ahora se le recuerda con el nombre de Alejandro Magno.

Esa pequeña historia es, en el fondo, lo que trato de describir en NARRACIONES REALES. Muchas veces nos encontramos atorados en dos opciones de las cuales aparentemente no tenemos salida, pero eso no quiere decir que esas sean las únicas opciones que tenemos; casi siempre hay una tercera opción solo que no nos damos cuenta de cual es por estar tan cegados por las opciones que pensamos tenemos.

Quiero darles un pequeño ejemplos de eso. Imaginémonos que a un bebé no le gusta la cebolla, puede ser que no le guste el sabor, el aroma, la forma o lo crujiente que es. Podemos pensar que nuestras únicas opciones son que se la coma o no; pero hay una tercera y esa sería, por ejemplo, prepararla de tal manera que no sienta aquello que le desagrada de la cebolla. Tan “fácil” como eso.

Obviamente este es un ejemplo simple y puede ser que cada uno encuentre una manera diferente de solucionar el problema; sin embargo, lo importante es saber que casi siempre habrá otra forma de solucionar los problemas, por eso nunca debemos pensar que solo hay dos alternativas. Estoy seguro que en la mayoría de los casos, la solución puede ser al problema se puede dar por la tercera opción, no puedo decir que todo porque hay cosas que no se llegan a solucionar tan fácil como quisieras, como situaciones inesperadas que escapan de nuestras posibilidades… pero de eso hablaré en otro momento. Por ahora simplemente recuerden que no siempre las opciones que nos dan son las que tenemos elegir, hay otro camino y eso, estimados lectores, es parte del pensamiento arbóleo.