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La soldado


La soldado llegó a su casa,
su esposo la abrazó,
sus hijos lloraron,
todo era felicidad,
¿valió la pena luchar?

En las noches,
la soldado mira a sus hijos dormir,
a su esposo ver televisión,
a ella mirándose al espejo,
¿valió la pena luchar?

Se mira en el espejo,
y no se reconoce,
no reconoce nada,
solo lo que añoraba,
¿valió la pena luchar?

La vida continua,
ella se adapta,
todo cambia,
no le gusta, pero que más da,
así es la vida,
simplemente,
¿valió la pena luchar?

De los tiempos del amor


De grises cabellos te veo,
de sonrisa hermosa,
de manos arrugadas,
de ojos vivaces,
más de 50 años ya,
riendo, enojándonos,
comiendo, bailando,
llorando.

Cuando tus cabellos eran negros,
y tus metas recién empezaban,
te conocí,
y nunca me arrepentí.

Nuestro primer hijo,
nuestra primera ilusión,
nunca pasó.
Ese día nos vimos,
como extraños,
sin saber qué decir.
Nuestro momento más oscuro.

Nació el segundo,
mi hijo, tu hijo,
nuestra felicidad,
nos llenó de llantos, amanecidas,
de pichi y de caca,
de “te toca a ti”,
de alegría sin fin.

Nuestro décimo aniversario,
¿cómo llegamos a tanto?
agarrados de la manos,
tomando champán barato,
amándonos.

Murió mi madre,
mis sollozos, mis quebrantos,
tus abrazos y tus besos,
tu alma acariciando la mía,
el agradecimiento infinito
por tenerte a mi lado.

Nuestros hijos ya graduados,
la casa solitaria,
llena de niños en las fiestas,
llena de nosotros solos sin estas.
Solos tú y yo, tomando un vino,
algunas cervezas, viendo televisión,
solo tú y yo,
nosotros y nuestro amor.

Ahora estás en la cama,
la enfermera a un lado,
yo en el otro,
tus ojos grises, perdidos,
algunas veces llamándome,
otras hablando,
recordando tu niñez, tu juventud,
el día que nos conocimos.

Tu ataúd enterrado,
nosotros separados,
tu ausencia, el dolor,
yo fui, soy y seré tuyo,
tú fuiste, eres y serás mía,
y hasta mi último suspiro,
recordaré tu sonrisa,
tu dicha y tu alegría.

Ahora en cama yo,
con nuestros hijos a mi lado,
en mi último aliento,
siento tus brazos,
tus besos, tus labios,
nosotros dos,
toda la eternidad
amándonos.

La tortuga


Tortuga que caminas, con pesaroso andar, tú que tanto has vivido, ¿encontraste la felicidad?

Centenaria es tu vida, has visto gente pasar, algunas con alegría, otras con pesar.

Acerca de la alegría, ¿la lograste encontrar? o la sigues buscando, con ese lento caminar.

Espero que la encuentras, lo espero de verdad, aunque te tardes muchos años, más de un centenar.

Tú sigue buscando, aun con tu tardo marchar, porque tu la mereces, la mereces de verdad.