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Historia corta III


En mi época de universitario, salí con una chica al cine. Queríamos ver una película, pero en ese momento no estaba disponible. Decidimos ver una de Disney, ¿por qué no? Su películas son buenas y muchas de nuestras favoritas son de la casa del ratón, así que entramos a ver… Chicken Little…

Nunca más volvimos a salir.

Historia corta II


El niño le dice a su mamá, “Mamá yo amo a la gente que me da cosas”. Ella sorprendida, le dice que eso no es amor. Con sus pocos cincos años, pregunta algo que es difícil que comprenda: entonces, ¿qué es el amor?

La mamá le sonríe y lo abrazó con todo el cariño que una buena madre puede dar. “Lo que sientes cuando hago eso es amor. Tal vez aún no lo comprendas, pero recuerda este sentimiento, recuerda esta felicidad, porque algunos la confunden. Esto es verdadero amor”.

El niño calló, aún preguntándose qué era el amor; pero le gustaba ese sentimiento y nunca se olvidaría de lo que su madre le dijo. Eso es amor.

El jabón de su padre


Años de ido, años de olvido,
de su rostro, su voz,
de caricias y lecciones,
olvidado por el tiempo,
por aquello que ya no es,
sin fotos, sin escritos,
sin nada para recordar
excepto el jabón.

El jabón que usaba, de fuerte aroma
que se quedaba en el baño por horas,
jabón barato, jabón de baño,
solo le queda el aroma y nada más,
ahora él compra el jabón y su hijo lo huele,
no tendrá más herencia que esa,
un jabón, un olor,
de sentimientos del padre al hijo,
del hijo al padre,
y a eso huele y nada más,
el jabón de su padre.

Un poco de mí


Hoy haré algo diferente. Ya llevó casi dos años en este blog y soy tan desconocido para ustedes como el primer día, así que hablaré de mí.

Debo aclarar que no es que sea egocéntrico, nada más alejado de la realidad, pero deseo hacerlo, que me conozcan mejor. Pensándolo bien, tal vez sí sea un poco egocéntrico, pero que más da; ya empecé a escribir.

Escribo siempre bajo el pseudónimo de Alex Tracy y a pesar que en teoría tengo algo de sangre inglesa, mis apellidos son más castellanos que el Cid aunque mi corazón es más peruano que la papa. Cómo todo buen ¿millenial? (después de años de averiguar sobre el tema, aún no sé si soy uno o no), no tengo ni donde caerme muerto, pero al menos trabajo en lo que me gusta (traductor de profesión, por si alguien preguntaba) y en ese sentido, no me puedo quejar.

Siempre me ha gustado leer, me acuerdo cómo me sentaba en el suelo de mi casa a leer libros destartalados que estaban más para ser botados que para ser leídos, pero los encontraba fascinantes. El primer libro que recuerdo haber terminado era uno de Isaac Asimov, curiosamente ninguno de sus libros de ciencia ficción, sino uno sobre los egipcios. Podría decir que mi amor por los libros nació por la pirámides.

Luego seguí leyendo y leyendo (típico ratón de biblioteca), hasta que salté al paso natural de todo lector: empecé a escribir un libro. Mi primer “libro” se perdió en un disco duro olvidado, pero aún recuerdo lo maravilloso que fue poner ese FIN, luego de meses de romperme la cabeza. no me acuerdo de qué trataba, pero sí puedo decir con toda seguridad, que era malo, tan malo que tal vez fue lo mejor para la humanidad que se perdiera para siempre.

Luego seguí escribiendo, cada vez menos mal (espero) y decidí publicar mi primer libro: Narraciones reales de los Reinos fantásticos. Una obra de fantasía que puedo decir que me gusta y estoy muy orgulloso de haberla escrito (si alguien desea está en digital en Amazon, por cierto). Es justamente por este libro que pensé en abrir este blog, al principio lo hice como forma de publicitarlo. Si ven las primeras entradas, verán de lo que hablo. Luego pasó algo extraño.

No quería hablar solamente del libro, así que decidí escribir otra cosa y por un motivo que ni yo logro comprender, me puse a escribir poemas. Hasta ese momento, la cantidad de poemas que había escrito en mi vida, se podían contar con los dedos de una mano, así que no sabía exactamente qué hacer, simplemente escribía y ponía lo que salía, y lo que salía no era tan malo.

No soy, ni creo que seré, un Lope de Vega, pero tampoco siento que sea el peor poeta que ha tenido Hispanoamérica. Es difícil para uno decir exactamente qué tan bueno es, así que eso se los dejo a ustedes, pero en fin. Me di cuenta que me gustaba escribir poemas, tanto que recopilé los que más me gustaron y los publiqué en forma de libro: Poemas de enero, cuentos de abril (igual en digital en Amazon, y este es gratis). Fue gratificante, el verlo publicado, saber que he puesto dos pequeños, casi insignificantes ladrillos del grandioso monumento de la literatura. Se siente liberador saber que tus palabras están a disposición del que quiera leerlas y tal vez, haya que las comparta. Es un sentimiento curioso, que seguramente muchos de ustedes también lo deben haber sentido.

Veo que me extendí más de lo que originalmente quería hacerlo, e incluso podría hablar más, pero ni modo. Gracias a todos los que se han tomado los minutos de leer toda este pequeña biblia y espero que pronto podamos comunicarnos otra vez y mejor.

¡Saludos a todos y que tengan un buen comienzo de semana!

Creyente y ateo


Un creyente y un ateo,
discutían siempre y muy feo,
llegando a golpes y patadas,
y unas que otras cachetadas,
uno decía que existía Dios,
y que este jamás le diría adiós,
el otro no quería al Divino,
prefería alabar al vino;
y por eso ellos peleaban,
y a los vecinos torturaban.

Un día de la nada,
entre una discusión acalorada,
un terremoto comenzó,
destrucción este causó,
y a ambos personajes,
se les fueron los corajes,
y huyeron raudamente,
sin pensar en otra gente.

“Dios me salvará.
yo sé que lo hará”,
se decía en la mente,
con devoción, el creyente.
mas una roca le impactó,
y el cráneo destrozó,
y este quedó tirado,
estaba muerto y olvidado.

Y el ateo al otro lado,
se sentía entusiasmado,
el temblor ya no seguía,
seguro él se salvaría,
mas un simple tropezón,
le causó devastación,
en el suelo terminó,
y mucha gente lo pisó.

Cuando todo terminó,
a los muertos se contó,
ateos y creyentes,
en la lista estaban presentes,
pues al final de todo,
sin importar el modo,
sin importar en lo que crees,
para el universo solo eres,
un guijarro de más,
como todos los demás.

¡Por eso creyentes y ateos,
dejen atrás sus berreos!
y disfruten la vida,
¡háganla movida!
Hagan siempre el bien,
¡nunca mirando a quién!
tal vez les abra las puertas del cielo,
tal vez no haya más que un oscuro hielo,
pero al menos su vida mirarán,
y felices, felices ustedes serán.