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Sobre los años que pasan


Los años, los años, ya falta poco para ese día fatídico ese día donde oficialmente soy un año más viejo que el día anterior. ¡Terrible! Con más panza y menos cabello, con más sabiduría y menos tolerancia al alcohol, ¡horripilante!

¿Pero qué se puede hacer? No es que verdaderamente se pueda contrarrestar el avance del tiempo (si alguien lo sabe, puede decírmelo con confianza), solo queda seguir adelante con eso, con el saco pesado de los años y las idas cada vez más constantes al doctor.

Los años no pasan en vano, y aunque no he cumplido todas las cosas que he deseado, sigo en la lucha por mis sueños, por la felicidad, por mas cabello, lo común, ustedes saben. En fin, este escrito es solo para recordame y recordarles que los años avanzan, pero hay que seguir, como dijo una gran empresaria/ cabaretera/ congresista/ ícono de multitudes /queen de Perusalem: Vive la vida y no dejes que la vida te viva.

Grandes palabras, sabias palabras.

De los tiempos del amor


De grises cabellos te veo,
de sonrisa hermosa,
de manos arrugadas,
de ojos vivaces,
más de 50 años ya,
riendo, enojándonos,
comiendo, bailando,
llorando.

Cuando tus cabellos eran negros,
y tus metas recién empezaban,
te conocí,
y nunca me arrepentí.

Nuestro primer hijo,
nuestra primera ilusión,
nunca pasó.
Ese día nos vimos,
como extraños,
sin saber qué decir.
Nuestro momento más oscuro.

Nació el segundo,
mi hijo, tu hijo,
nuestra felicidad,
nos llenó de llantos, amanecidas,
de pichi y de caca,
de “te toca a ti”,
de alegría sin fin.

Nuestro décimo aniversario,
¿cómo llegamos a tanto?
agarrados de la manos,
tomando champán barato,
amándonos.

Murió mi madre,
mis sollozos, mis quebrantos,
tus abrazos y tus besos,
tu alma acariciando la mía,
el agradecimiento infinito
por tenerte a mi lado.

Nuestros hijos ya graduados,
la casa solitaria,
llena de niños en las fiestas,
llena de nosotros solos sin estas.
Solos tú y yo, tomando un vino,
algunas cervezas, viendo televisión,
solo tú y yo,
nosotros y nuestro amor.

Ahora estás en la cama,
la enfermera a un lado,
yo en el otro,
tus ojos grises, perdidos,
algunas veces llamándome,
otras hablando,
recordando tu niñez, tu juventud,
el día que nos conocimos.

Tu ataúd enterrado,
nosotros separados,
tu ausencia, el dolor,
yo fui, soy y seré tuyo,
tú fuiste, eres y serás mía,
y hasta mi último suspiro,
recordaré tu sonrisa,
tu dicha y tu alegría.

Ahora en cama yo,
con nuestros hijos a mi lado,
en mi último aliento,
siento tus brazos,
tus besos, tus labios,
nosotros dos,
toda la eternidad
amándonos.

Sobre la muerte


Cuando era bebé, la muerte rondaba cerca a mí y yo no lo sabía. Mi país sufría uno de los peores momentos de su historia y muchos murieron, no persona cercanas, pero si cerca de donde vivía. La muerte estaba ahí, pero era una desconocida.

Cuando era niño, la violencia seguía y ahora ya la conocía. De nuevo, nunca de cerca, pero podía ver su sombra cada vez que mi papá, policía él, salía a trabajar. Tal vez nunca regresaría, felizmente siempre lo hizo y la violencia pasó. La Muerte ya era una conocida lejana.

Entrando a la adultez, murió un tío. Un ataque cardíaco se lo llevó. Lo vi tirado en el suelo, con las piernas aún en la cama. No me acuerdo si seguía con los ojos abiertos o no, pero no pude tocarlo: me dio miedo. La Muerte ya era una conocida, amiga de la familia.

Luego murió mi perrita, una pekinesa renegona y rechonchita, su último suspiro lo dio en la veterinaria tras muchos días de medicinas y cuidados. Falleció al verme, era lo único que necesitaba para partir. En el carro, todas sus heces acumuladas ensuciaron mi polo, mientras se iba enfriando. Mi hija se fue, y la Muerte ya estaba con nosotros, tomando desayuno.

Fallecieron mis abuelos paternos, primero mi abuela y luego el abuelo. Murió de cáncer, pero la verdadera causa fue la soledad. Vi a mi padre en la morgue del hospital, cambiándolo para el velorio. Vi el cuerpo desnudo del abuelo, su cuerpo débil, con olor a tiempo terminado y formol. La Muerte almorzaba con nosotros y se ponía a ver televisión.

Después falleció mi abuela materna, yo vivía con ella para ayudar a la enfermera en cualquier cosa que necesitara. La vi extinguiéndose de a pocos, cada vez más débil, cada vez más senil, cada vez menos mi abuela. La cuidé por años y el día que falleció, yo tenía una cita en el hospital. Cuando llegué, toda la familia estaba reunida y fui el único que no la vio partir. La muerte, gran amiga de la familia, sabe contar buenas bromas.

Todos estos fueron mis momentos con ella, cada vez más y más cercanos, pero a pesar de eso, nunca eran inesperados. La muerte se los llevó cuando tenían que irse. Fueron momentos dolorosos, pero lógicos. La muerte siempre es el final de todos. Excepto de mí.

Al menos así pensaba, no porque me creyera inmortal, sino por mi juventud. ¿Quién, aparte de Poe, piensa en la muerte desde temprano? Era joven, era maldito, el mundo estaba para hacerme pleitesía y la Muerte para escribir poemas. Mas ahora, ahora, no le tengo miedo aún a la Muerte aunque ya no soy joven, aunque el mundo ni me mire de reojo. No le tengo miedo a MI muerte, sino de los que me rodean.

Está marca de cerveza, reconocida a nivel mundial, que a tantos se ha llevado, hace que tenga miedo, que no vea la vea como amiga de la familia, sino como cruel enemiga, como francotirador acampando, apuntando sigilosamente su arma, esperando el momento oportuno para disparar. Le tengo miedo, ¿quién no podría tenerlo? No son muertes lógicas, no son esperadas, no son nada más que el más inmisericorde caos.

Ya murió una tía, con su pareja de la mitad de su vida. Vivían solos y se enfermaron solos. Murieron en el hospital separados, el amor de la mitad de sus vidas, terminó por un “resfriado”. Dos disparos certeros.

¿Le temo a la Muerte?, sí, le temo por todos a los que quiero. Deseo creer que a mis viejos no les pasará nada, quiero creer que todo cambiará y ellos serán inmortales, más la Muerte está ahí, presente. La mejor amiga, la peor aliada, la inexorable está ahí, caminando, bromeando, almorzando, cenando, siempre ahí.

Ella me seguirá acompañando, tomaremos té y paseará con todos, eso lo sé Solo espero que cuando venga por los que quiero, sea en el final lógico y no por algo como o que sucede ahora. Quiero que cuando llegue la hora de todos, le puedan sonreír y darle la mano porque vivieron plenamente, no deseo que sean cortados sus hilos por el caos y que piensen que no llegó su hora. Espero que así sea, cuídense y cuiden a sus seres queridos, porque cuando se vayan, se irán, verdaderamente se irán y nunca volverán.

Natación


Brazo arriba, cabeza abajo,
no mires lo demás,
concéntrate,
otro brazo, cabeza al agua,
sigue adelante, no mires lo demás,
sigue, sigue, sigue,
derecha, izquierda,
derecha izquierda,
no dejes de patalear, dale,
con fuerza, tú puedes,
derecha, izquierda, pataleo
falta poco, sigue,
derecha, izquierda, pataleo,
no mires lo demás, mira la meta,
concéntrate, tú puedes
derecha, izquierda, pataleo, tú puedes,
falta poco, tú puedes,
llegaste.

Último lugar, sin medalla, sin nada;
cansado, mojado, frío, sin victoria,
con sabor a cloro en la boca,
pero llegué, por fin llegué
lo logré y eso,
aun cansado, adolorido, y casi ido,
hace que incluso el cloro en mi boca,
me sepa a gloria.