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Yahuarcocha


Diez dedos y el silencio,
la oscuridad y el ruido del metal,
nueve dedos y la bulla,
el relámpago y el olor,
ocho dedos y los golpes,
bebo el rojo sabor metal,
siete dedos y la vara,
quieren que les diga su verdad,
seis dedos, no hay silencio,
solo un ruido muy mortal,
cinco dedos y al suelo,
siento el odio penetrar,
cuatro dedos y el fuego,
piel quemada sin piedad,
tres dedos y sin aliento,
la vida ya se va,
dos dedos y al otro preso,
el turno tocará,
un dedo y el metal siento,
a la sien atravesar,
sin dedos y sin lamentos,
escapo en libertad.

Lullaby


El agua corre por el caño abierto,
la televisión encendida abruma,
la madre sola acurruca,
al niño abatido del sueño,
espera que duerma y llora
en silencio como la muerte,
y canta para él una bella canción,
y canta para ella, la verdadera versión:
que duerma mi niño, que duerma ya,
que ya viene el hombre que me violará,
aquél que golpea, el que maltratará,
que duerma mi niño, que duerma ya,
ya mañana nuevo día será.

Le canta todos los días, la hermosa canción
llora en su alma, la verdadera versión,
los morados llegan, las lágrimas corren,
la televisión ilumina los golpes,
el agua embota el dolor
y ella sigue cantando, esperando lo mejor.

Como la vida misma III


“Debo escapar”, se decía tristemente,
“Me va a matar”, lloraba desconsoladamente,
“¿Qué puedo hacer?”, se preguntaba,
“¿Qué dirán de mí?”, ella pensaba.

Torbellino de ideas, pasaban por su cabeza,
dudas y turbaciones, la dejaban sin entereza,
¿a quién pedir ayuda?¿quién la mano me dará?
¿quién será mi héroe? ¿quién me salvará?

Muchas noches llegaba su marido,
enojado, totalmente embebido,
su amor le demostraba,
en el cuerpo se marcaba.

“¡No puedo aguantar más!”, se decía,
“¡Pronto me iré de aquí!”, se prometía,
mas todos los días se quedaba,
el miedo simplemente la congelaba.

Después de mucho tiempo continuo con este poema sobre una historia que le puede pasar a cualquier mujer, es una historia como loa vida misma. Si desean leer la primera y la segunda parte de este poema, bienvenidos sean.


El tipejo


Está contento el tipejo,
pues su equipo va a ganar,
se reúne con unos fulanos
¡y todos a tomar!

Pierde el equipo, y el tipejo
¡cómo enojado no va estar!
siguen tomando cual malsanos,
¡el dolor se ha de olvidar!

Llega a su casa el tipejo
su esposa lo va a saludar,
y los enojos que ya eran lejanos,
¡esos los vuelve a encontrar!

Pobrecito ¡ay! el tipejo,
su esposa, comida le va a dar,
y por el enojo se va de manos,
¡esa comida jamás le va a gustar!

¡Ahora miren al tipejo!
¿Cómo mejor no va a estar?
sus grandes odios villanos
¡acaban de terminar!

Y ahora el tipejo,
simplemente, simplemente se va a acostar.

Como la vida misma II


Mientras su amado dormía,
a ella  el cuerpo le dolía,
lloraba desconsolada,
pero aún estaba esperanzada.

“Estaba con ganas”, ella se decía,
solitaria pensaba acerca del gran día
en el que él le dijera cuánto la amaba,
en el que él le dijera que la adoraba.

Mas día tras día, eso no pasaba,
y golpe tras golpe, morada la dejaba,
todos los vecinos sabían,
que muerta un día la verían.

Un día en el mercado un niño preguntó,
“Mamá ¿quién es el monstruo que a ella golpeó?”
por esas palabras, sintió ella un dolor,
por fin entendió, que eso no era amor.

Como la vida misma I


Ojos dolientes que ven el mundo con tristeza,
pues ya no ven en nada la belleza,
de un amor antaño olvidado,
que ahora solo le deja el ojo morado.

Solía pensar que todo acabaría,
pues “era un error”, eso le decía,
mas los golpes siguieron como si nada,
el dolor seguía, jamás pasaba.

Una vez, al hombre detuvieron,
“no lo ayudes”, todos le advirtieron,
ella no escuchó, se sentía esperanzada
pues él vería su amor, y ya no sería golpeada.

Cuando ese hombre salió,
el amor parecía que volvió,
“Te amo tanto”, le decía
y ella siempre le creía.

Mas una noche de nuevo cambió,
y como salvaje a ella violó,
y después que su hambre fue saciada,
él le dijo que ella era su amada.